?55 •5 .P5 The •nold Arboretum Purchase June 1971 m ESCUR310N BOTÁNICA HKrriA DE orí DEN DEL SUPREMO GOBIERNO EN SETIEMBRE DE 1885 A LA PROVINCIA DE ATACAMA Federico Philippi (Del Diarin q,ícial afln X, N.'^ 2,793) SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA NACIONAL, MONEDA 112 J LIBRARY NEW YORK BOTANICAL OARDEN ESCURSION BOTÁNICA HECHA DE ORDEN DEL SUPREMO GOBÍEMO EN SETIEMBRE DE 1885 A LA PROVINCIA DE ATACAMA Federico Philippi (Del Diario Oficial año X, N.» 2,793) -*f— ^m— íií- SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA NACIONAL, MONEDA llá 1886 library; NEW YORK ^OTANJCAÜ li/, l;\ ESOÜRSION BOTÁNICA A LA PROVINCIA DE ATACAMA Santiago^ 12 de junio de 1886. Señor Ministro: Con fecha 11 de setiembre próximo pasado recibí del señor Ministro de Instrucción Pública la comisión de pasar a la provincia de Atacama para estudiar ]a flora de esa provincia, i el 16 de setiembre me puse en marcha, acompañado de don Amando 2.*' Philip- pi, asociándosenos en Valparaíso el señor Augusto Borchers, quien se me habia ofrecido como compañe- ro voluntario, lo que acepté gustoso, conociendo su vivo interés para la Botánica, i me es grato poder decir que él nos ha ausiliado en todos nuestros traba- jos con el mas grande empeño i abnegación, poniendo todo lo que recojió a disposición del Museo, confor- mándose con un ejemplar de aquellas especies que existian duplicadas. Xos embarcamos el mismo dia 16, i llegamos al dia siguiente a Coquimbo, donde mis compañeros se fue- Fon a tierra, para herborizar en el cerro al «ur del — 4 — puerto, volviendu con algunas plantas interesantes. El 18 llegamos temprano al puerto del Huasco, donde encontramos bonitas plantas a inmediaciones del pue- blo, a pesar de que la corta estadía del buque no per- mitió una escursion mas lejana. El 19 desembarcamos en Caldera, donde el comandante de la policía, señor Martínez, nos facilitó cabalgaduras con la mejor vo- luntad, de modo que nos fué posible hacer en la tarde una escursion provechosa hacia el norte por el camino al mineral del «Morado», alejándonos como dos leguas de la ciudad. El 24 fuimos a Copiapó. El arreglo de las plantas recojidas en los días ante- riores me ocupó el dia siguiente, mientras el señor Borchers fué con mi hijo a «Monte Amargo», donde herborizaron en el valle del rio i en su falda austral, volviendo con un gran número de plantas, en parte bien interesantes. El 22 fui a Caldera para conferenciar con los seño- res Porter i Jacques sobre los objetos escavados últi- mamente en Caldera para el INluseo ISTacional, i mis compañeros se fueron a «Piedra Colgada» para esplo- rar este punto, donde fueron mui bien atendidos por el administrador, en atención de una recomendación del señor San Román, a quien quedamos agradecidos por la amabilidad con que nos ausilió en cuanto le fué posible. Vi la colección de antigüedades que se sacaron en Caldera, la cual es mui valiosa, contenien- do un gran número de objetos diversos; estaba en casa del señor Jacques, quien se ofreció con la mejor voluntad a hacer encajonar todo i a remitirlo a San- tiago, como se hizo. El 24 fuimos en el ferrocarril a Cliañarcillo: la ve- jetacion en el vallo de Copiapó no ofreció nada de notable, pero desde que empezamos a repechar de «Pabellón» al sur notamos a ambos lados de la línea una abundante vejetacion formada de plantas de gran — 5 — intere?, como la Pintoa i BuJnesiá, que recordarán para siempre los nombres de estos ilustres ciudadanos; la Cordia (carbón) Crvkfihanlsia (rosita). Adesmias (entre ellas la barrilla blanca), Galandrinia de linda flor rosada (pata de guanaco), Phrodus i otras mas; pero teníamos que conformarnos con mirarlas desde el carro, quedándonos la esperanza de poderlas reco- jer mas adelante. La línea sube constantemente desde «Pabellón» hasta el «Molle»; aquí se desata la má- quina adelantándose, i los carros se van solos cuesta abajo, tomando, a consecuencia de la pendiente, va- rias veces una velocidad tan grande, que hai que apretar las palancas fuertemente. En el estableci- miento de fundición «Bandurrias» nos esperaba la máquina para subirnos a Chañarcillo, cuyas minas ya veíamos desde aquí, i donde nos esperaloan los caba- llos, que nos mandó el señor Cuéllar, administrador de la mina Loreto, a quien nos habia recomendado el señor San Román, i quien nos hospedó por la noche, tratándonos con mucha amabilidad. En la estación nos esperaba también un mozo de Chañarcito, con caballos i muías, que nos hablan sido mandados por orden del señor Aniceto Yzaga, a cuya jenerosidad debo que mi viaje desde Chañarcillo para adelante haya sido tan fructuoso, pues habia puesto a nuestra disposi- ción todos los elementos de los establecimientos de Chañarcito, Carrizal, etc., cuyos empleados nos trata- ron en todo con la mayor consideración. Me es mui grato poderles dar en estas líneas un testimonio pú- blico de mi agradecimiento, tanto al señor Yzaga co- mo también a sus empleados, i también a otras per- sonas que conocí en mi viaje, i que nos secundaron eficazmente en nuestros trabajos. El resto de la tarde empleé con el señor Borchors en esplorar el valle de Chañarcillo, hasta como una legua del pueblo, trayendo una cosecha nada despre- — 6 — ciaLlo (lo plantas, cuya mas iiitorosaiite era la rara Jliii'lohria chilcnsis Uáy, que solo vimos en este punto. El 25 dejamos Chañarcillo para ir directamente a Chañarcito por la Travesía. A la salida de Chañaici- 11o cruzamos la línea férrea i seguimos como durante una hora por un valle entre cerros de poca elevación en dirección hacia el sur. Saliendo de este valle i tor- ciendo al sudoeste, entramos a la «Travesía», siguien- do este rumbo con poca variación durante todo el dia, galopando largos trechos para poder llegar todavía en el dia a «Chañarcito», pues no se puede alojar en el camino por no existir una sola aguada en todo el tra- yecto. A las cinco repechamos una cuesta, de cuya cumbre bajamos a «Carrizal Alto», i siguiendo valle al)ajo llegamos a las 7 h. 30 m. al establecimiento de «Chañarcito», donde el administrador don Lauro Zu- leta ya nos esperaba desde algunas horas. La vejetacion en el valle de Chañarcillo no era mui abundante; habia solo algunos arbustos i pocas plan- tas herbáceas, pero en algunos cerros vimos las faldas por largos trechos ])intadas de color rosado intenso, debido a millares do Calandrinias o patas de gua- naco. La Travesía es una inmensa llanura que se estien- de con una anchura de cinco a quince kilómetros en- tre cordones de poca altura de noreste a sudoeste, casi desde Chañarcillo hasta los cerros en cuya falda austral se haUa situado Carrizal Alto. Eete llano es en años normales un desierto, que solo es poblado por algunos arbustos bajos, como carbón, alcapa- rra (Cassia), Heliotropiíüii, acerillos, cuerno de ca- bra, etc., i que muestra en algunas partes mas bajas una escasa vejetacion de plantas perennes o anuales, pero esto solo durante la i)rimavera; la falda de los cerros nuiestrí^ abvuidantes quiscos, de los cuales apé- ñas uno que otro ejemplar se encuentra en el llano. En las rinconadas que este llano estiende hacia los cerros del oriente i en la falda de éstos existen mana- das de buenos cimarrones, animales sumamente tí- midos, que arrancan apenas ven un objeto estraño; son mui ajiles, de modo que es mui difísil cazarlos, i son tan soberbios, que casi siempre mueren cuando se les encierra, i no se domestican nunca, escepto se les pille bien nuevos. Guanacos no faltan tampoco en esta lejion. Nosotros hallamos el desierto trasformado a conse- cuencia de las abundantes lluvias del invierno en un venladero campo de flf)res, los arbustos mencionados florecían casi tod(^s; en medio del llano hallamos tam- bién un grupo de matas de algarrobillo. Habia mu- chas Calandrinia, ArgijUas (cartucho), Closia, Ce- phafophora, Thijllomu. Cltaetanthera, Quinchama- lium, Solaiiinii, Alona, Nolana, dos Crnkslianhsia, Sil- vaca i entre éstas crecia un número de plantas de flores pequeñas insignificantes, pero de mucho interés para el botcánico, como Tetragonía, Butillosia, nombrada en honor de don Vicente Bustillo, eminente farma- céutico i sincero amante de la Botánica, Atriplex, Chenopodiiim, Senecio, Closia, Lastarriaea, Chori- zanthe, Spliaerostigma i muchas Ademias. Habiendo hecho una cosecha tan abundanta el dia anterior, empleamos toda la mañana del 26 en el arre- glo de las plantas recojidas, i en la tarde hicimos con el señor Zuleta un paseo a una quebrada frente a Cliañarcito, de donde trajimos un regular número do especies, algunas nuevas para nosotros. El 27 fuimos en el trena Carrizal Bajo, empleando 2 hs. 27 ms. en la bajada. La línea sigue siempre el fondo del valle, i van los carritos sin locomotora a c;uisa de la pendiente uniforme. Hasta la estación de Barranquillas, habia la misma vejetaciou como en — 8 — los c(»ntornos inmediatos de Chafiarcito; pero desde aquí mas adelante aparecian muchas plantas diferen- tes, como mano de león, un gran tabaco cimarrón, cachiyuyos i una gran Golandrinia de tallo leñoso, que me era desconocida. Hallamos una benévola aco- jida en casa de los señores Thomas Fling i Juan King, donde alojamos la noche. La tarde fue em- pleada en una pequeña escursion al lado norte de la bahía, que suministró varias plantas interesantes que no habíamos visto hasta entonces. Mientras que el señor Borchers i mi hijo quedaron en casa del señor Fling, fui yo a casa del señor King, caballero viva- mente interesado en la botánica, i quien me mostró un pequeño herbario que habia reunido en los con- tornos, (pie contenia plantas bien interesantes. El 28 montamos después del almuerzo a caballo, para volver despacio a Chañarcito i con el objeto de estudiar la flora del valle, que habíamos admirado el dia anterior desde el tren. Cerca del puerto habia las plantas propias a la costa; pero apenas habíamos an- dado una legua, la flora cambiaba rápidamente de aspecto. El fondo plano i cascajoso del valle estaba cubierto de innumerables ejemplares de la nueva Ca- landrinia que habíamos observado el dia anterior, mui notable por su traza, pues que tiene tallos de como de un metro de altura i las hojas estrechas i mui gruesas en la punta de las ramas, de las cuales salían los pedúnculos largos cargados con grandes flo- res rosadas; habia manchas de quiscos, distintos de los de Santiago, pequeños leoncitos con flores amari- llas, ejemplares de la Anisomeria fndicosa Ph. (una especie frutescente de pircún), bonitas Malváceas, la Nicí diana solanifolia Wal]^., tabaco cimarion de cer- ca de tres metros de altura, i varios cachiyuyos (es- pecies subleñosas de Atriplex). En las faldas del valle haliia muchas «manos de león» (Leoníochir Ovallei — 9 — rii.), flores de un rojo subiJo, dispuestas en densas cabezuelas en el estremo de largos. tallos, tendidos como culebras en el suelo, que no se halla en ningún otro punto, escepto el valle de Carrizal, i que merece cultivarse en todos los jardines; también liabia algu- nas sinantéreas, especies de heliotropo frusescentes de flor blanca pero que no tienen olor, i la hermosa Cf'ntaurea chilensis Hook i Arn., llamada flor del mi- nero por los campesinos. Debido a la abundante co- secha de flores tardamos mucho en nuestro viaje, así que llegamos solo con la noche a Chañarcito. Tuvimos que dedicar todo el 29, mi hijo i yo, en arreglar los objetos recojidos, i yo hice algunos dibu- jos de plantas i flores. El señor Borchers fué con el tren al término superior de la línea, a Yerbas Buenas, donde pensaba pasar la noche para poder esplorar la flora de ese panto, para lo cual el señor King, supe- rintendente del ferrocarril, le habia ofrecido el ferro carril. El 30 estuvimos ocupados durante la maiiana del mismo modo como ayer; en la tarde fuimos con el señor Zuleta a un fundo mas arriba, en el valle, lla- mado «Zanjón», tomando en el camino algunas espe- cies nuevas, i cuando volvimos a las 5 a Chañarcito encontramos al señor Borchers mui ocupado en arre- glar las plantas traidas, que fueron muchas i mui in- teresantes, i le ayudamos en esto. El señor Borchers habia llevado una carta de introducción para el jefe de la estación de Yerbas Buenas, ^eñor CoUao, quien le acojió con mucha amabilidad; el resultado de este viaje era valioso; entre otras plantas venia el algarro- billo, porrotillo, 2 Asistolochia, Pintoa, Bulnfída, etc.; ademas le habia regalado la señora Collao para el Museo un herbario formado por ella con las plantas de la vecindad, que contenia varias especies que nq-. sotros no habíamos hallado. ' — 10 — En el pnseo al Zanjón vimos cómo se hace en este valle la poca agricultura que es posible de trecho en trecho. Dcsilc Cliañarcito para abajo el fondo del valle es terreno de acarreo, cascajo grueso con gran- des piedras redondeadas por la acción del agua; de Chañarcito para arriba el valle es mas bien gredoso, en el thalweg hasta pantanoso i por trechos arenoso. En la parte gredosa se ven por doquier eflorescencias blancas, probablemente de sulfato i clorhidrato de sosa, i de cuando en cuando se ve un corto hilo de agua, que pronto vuelve a perderse. En las partes mas bajas suelen levantar la costra superior de tierra, que contiene las sales, i la acumulan a modo de ta- pia al rededor del terreno limpiado; en la parte supe- rior de éste cavan un pozo, o si el terreno limpiado es algo considerable, hacen una especie de reprosa, regando con el agua así obtenida las legumbres, la alfalfa o los árboles frutales que cultivan. El valle parece, desde Chañarcito hasta el mar, como si fuí.'ra el lecho de un colosal rio, pero no tiene agua corrien- te; solo a cierta profumlidad hai una corriente de agua regular, como lo demuestra el pozo que la em- presa del ferrocarril tiene en Barranquillas. En Cha- ñarcito como en el pueblo Canto del Agua, situado un poco mas arriba, en el valle, se utiliza el agua que aparece de cuando en cuando como un hilito de corta duración. El 1.° de octubre nos despedimos del señor Zuleta i partimos para Vallenar en un coche, que habíamos tomado entero, para poder acarrear todos nuestros bultos con nosotros i para poiler parar en el camino en caso necesario. El camino sigue valle arriba, pa- sando por el pueblo Canto del Agua, después tuerce al sur, dirección que guarda mas o menos hasta Va- llenar; sigue primero por el llano o valle de Astillas Jiasta llegar a la quebrada de igual n»:>mlu\% por la — 11 — cual subo a otro llano un poco mas elcivado que el priinero i que es llamado de «Cerrillos» hasta una punta prominente de cerros, i de ahí para adelante se llama de «Marañon». En la quebrada de Astillas, cerca del plan, hai una habitación que ofrece algunos recursíjs. La vejetacion de estos puntos era la misma que en la Travesía, solo los arbustos eran jnas fre- cuentes, i aunque nos bajamos varias veces del coche, no hallamos iiada de nuevo, escepto entre las peñas de la punta de Cerrillos, donde liabia plantas de in- terés. En la tarde llegamos a Yallenar algo cansados del viaje en el coche estrecho i ccn bastante apetito, no obstante un magnífico lunch que nos habia dado el señor Zuleta a la salida i al cual habíamos hecho los debidos honores. El 2 tuvimos que mudar el papel a todas las plan- tas, que con el calor del dia anteWor hablan alcanzado a calentarse ))astante, felizmente sin que hayan su- frido deterioro, trabajo que nos ocupó a los tres desde la mañana temprano hasta las 3 de la tarde. Un pa- seo hasta el rio i a orillas de éste solo dio un resultado insignñicante; no encontramos sino las plantas que en todas i)artes se hallan en las orillas de las corrientes de agua. El 3 salimos temprano en coche para Freirina; la vejetacion se diferenciaba mui poco de la que había- mos en'iontrado entre Chañarcito i Yallenar; en al- gunos puntos hallamos las dos especies de Arútolo- cliia, una bonita Adesmia i la linda Altroemeria vio- lácea Pli. El camino sigue sieaipre en un llano que está a poca altura sobre el rio, que se halla como encajonado entre dos paredes casi perpendiculares, dejando solo en parte algunos trechos de planes en el fondo del valle. En Freirina descansamos, mientras fui a la gobernación a pedir la orden nece- saria para el pasaje de Huascq a Yalparaiso, Seguimos — 12 — después el fondo del valle, que desde aquí es ancho, i que abandonamos solo poco antes de Huasco, su- biendo a una planicie en que está situado el pueblo de Huasco, del cual bajamos luego al puerto. En la bajada al puerto i al rededor de éste nos llamó mucho la atención la abundancia del Mesemhrij'inthemum, crydallinum L. (la escarcha), planta de oríjen africa- no, que parecia completamente indíjena. El 4 nos embarcamos en el vapor que nos condujo a Yalparaiso, donde llegamos el 6 bastante temprano para tomar el tren de diez a Santiago, llegando las colecciones en niui buena condición, aunque algunos pa(pietes que contenían las plantas recojidas al último estaban algo calientes, por haber estado tanto tiempo encajonadas sin poderles mu(lar papel. Auíique mi tarea principal debia ser de estudiar la flora, no hemos perdido ocasión alguna de recojer cuantos insectos encontramos durante nuestra herbo- rización. Como era de esperar en un año tan favorable para el desarrollo de las plantas, la fauna entomolójica era igualmente mui desarrollada, i así pudimos reunir 500 ejemplares de insectos, que se reparten del modo siguiente: Coleópteros, 37 especies con 426 ejemplares Neurópteros, 3 n n 3 n Ortópteros, 4 n i« 24 n Himenópteros, 6 ti n 10 n Hemípteros, 3 n it 5 n Dípteros, 9 m i i 32 n en todo 62 especies; ademas cojimos 2 especies de alacranes o escorpiones en 3 ejemplares. Muchos de los insectos eran nuevos para la colección del Museo, otros existían solo en ejemplares únicos o malos, i he creído prudente tomar un número tan grande como posible para cambiar con otros Museos, — 13 — La colección de plantas que dio el viaje es muí in- teresante, i hemos procurado también tomar un buen número de ejemplares repetidos para cambios con otros ^luseos. La flora de estas rej iones ya reviste el carácter del desierto. La mayor parte de las plantas son arbustos o subarbustos de hojas coriáceas i duras, frecuentemente resinosas i aromáticas, i muchas de ellas tienen una propiedad que, a primera vista, parece mui rara, la de perder sus hojas en verano, mientras los mas ve- jetales suelen perderlas en invierno; pero la prolon- gada sequía en verano en esas rejiones lo esplica fá- cilmente; si las plantas guardaran sus hojas en verano, evaporarian por ellas mas humedad de la que podrian sacar del suelo para reponerla, i deberian morir secán- dose. Quiscos i leoncitos son también bastante fre- cuentes, pero las plantas son principalmente de corta duración, las pocas perennes tienen por lo común raices mui desarrolladas i profundas, lo que les permite so- portar la sequía prolongada. Las mas plantas anuales en estas rejiones deben tener una vida mui efímera i sus semillas deben poder durar sobre el suelo decenios enteros sin perder la fuerza jerminativa, porque cuan- do cae uno o dos aguaceros, jerminan luego i se desar- rollan tan lijero, que alcanzan a producir frutos i semillas con la poca humedad que estos aguaceros han dejado en la tierra. Los arbustos i subarbustos que no pierden sus hojas en verano, tienen hojas gruesas i coriáceas i frecuentemente resinosas, que evaporan tan poca agua, que las profundar raices alcanzan de sobra a sacar este elemento indispensable para la vida vejetal en sufteiente cantidad de la profundidad del suelo o de las grietas en las rocas en que se hallan encajadas. En las playas arenosas hai a veces una vejetacion mas abundante, pero formada casi entera- mente de plantas halófilas, que vejetan bien ahí debí- _ u _ do a las uoLliiias qiic suolcn forniarse frecuentemente durante las mañanas en las costas. La colección traída del vinje comprende: I)icoüIo(lóiicns 50 íamilias con 225 espcc, de Ins cuak's G8 son nuevas para la cienci Monocotledó- neHS O id id 30 id id id id 6 id id id id id Acotiledóneas 1 id id 3 Total t)3 familias con 258 cspec., de las cuales 74 son nuevas. De modo que mas de la cuarta parte de las plantas resultaron desconocidas; pero fuera de estas es})ecies nuevas, tuvimos la suerte de encontrar todavía un número no despreciable de plantas, (]uc solo cono- cíamos })or las descripciones (jue se dan en los libros, sin que nos hubiera sido posible encontrarlas antes de ahora. Las especies halladas se distribuyen del modo siguiente, indicando el número en paréntesis las nuevas: Ranunculáceas, 1; Papaveráceas, 1; Cruci- feras, 12 (4); Yiolárieas, 2; Poligáleas, 1; Franke- niáceas, 2 (1); Cariofíleas, 3 (1); Malváceas, 13 (4); Malpighiáceas, 3 (1); Sapindáceas, 1 (1); Geraniáceas, 1; Yivianáceas, 2; Tropeóleas, 2; Oxalídeas, 4; Lí- neas, 1; Zigofíleas, 5; Anacardiáceas, 1; Leguminosas, 33 (10); Onagrárias, 2; Litrárieas, 2; Mirtáceas, 1; Cu- curbitáceas, 1; Malesherbiáceas, 1; Loáseas, 4; Portu- tulacáceas, 21 (6); Paroníquieas, 1; Crasuláceas, 1; Cácteas, 3; Umbelíferas, 7 (2); Rubiáceas, 2; Yaleriá- ncas, 2 (1); Sinantéreas, 36 (4); Lobeliáceas, 2; Apo- cíneas, 1; Asdepiádeas, 2; Bignoniáceas, 2; Polemo- niáceas, 1 (1); Convolvuláceas, 3 (1); Hidrofíleas, 1; Borrajíneas 28 (IC); Labiadas, 1; Verbenáceas, 2; Solanáceas, 13; Nolanáceas, 15 (7); Escrofularíneas, 5; Plumbajíneas, 1; Plantajíneas, 2; Nictajíneas, 2 (2); Quenopodiáceas, 8 (3); Fitolacáeeas, 1; Poligó- neas, 4 (2); Santaláceas, 2; Aristolóquieas, 2; Eufor- biáceas, 3 (1); Salicíneas, 1; Gnetácca>-, 2; Ámarilí- deas, 8 (2); Liliáceas, 5 (1); Dioscorineas, 3; Irídcas, 1; Ciperáceas, 2 (1); Gramíneas, 11 (2); Heléchos, 3. — 15 — Las familias siguientes son las mas importantes, ndicúndosc en paréntesis los tantos por cientos que for- man de la flora de lal^ejion esplorada: Sinantéreas (13), Leguminosas (12), Borrajíneas (11), Portulacáceas (7|), Xolanáceas (5), Malváceas (-íj), Solanáceas (4|), Cruciferas (4), Gramíneas (4), (^)uenopodicáceas (3), Amarilídeas (3), L^mhelíferas (2^), Escrofularí- neas (2), Liliáceas (2), Loaseas (1¿), Poligóneas (1|), Cariofiláceas (1), ^NFalpighiáceas (1), Euforbiá- ceas (1), Heléchos (1). La rapidez del viaje no nos permitió recojer mu- chas papas i semillas, sobre todo porque las últimas estaban aun en la mayor parte todavía verdes. Réstame el grato deber de espresar mis sinceros agradecimientos a todas las personas que me favore- cieron en mi viaje, facilitándome con cuanto estuvo a su alcance, principalmente al señor Aniceto Yzaga, cuyas recomendaciones nos procuraron una tan be- névola acojida como entusiasta cooperación, tanto en Chañarcito como en Carrizal, i sin ias cuales el viajo no habria dado resultados tan importantes. Con sentimientos del mas alto aprecio, me suscribo, señor Ministro, vS. A. 8. 8. Federico PiiiLíPri. Señor Ministro de Instrucción Pública.